El mandato del emprendedor: inventarse su propio trabajo.

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Tener iniciativa propia y estar dispuesto a autoproducirse el salario es una de las actitudes más valoradas en el mercado laboral que viene, un credo al que algunos adhieren por elección, y otros por supervivencia.

Por Emilse Pizarro  | LA NACION

Emprendedor


Cuando la misma mosca molesta en muchas orejas la percepción individual pasa a ser una sensación colectiva. Cuando un filósofo la toma, es una realidad y, en su boca, se hace verdad. En ese momento entramos a un laberinto de espuelas. Hace unos días Roger Pol Droit habló del imperativo actual de ser feliz todo el tiempo: "Resulta sospechoso: cuando te lo repiten tantas veces es que algo no funciona".

Desde las economías más desarrolladas hasta las que chapotean en el fango todas vitorean el mandato emprendedor. ¿Será, acaso, como la felicidad de Pol Droit? Según explica Mariano Mayer, a cargo de la Dirección General de Emprendedores del gobierno de la cCiudad, no es una moda ser emprendedor. "Hay razones económicas por las que los países promueven políticas de apoyo a emprendedores. Ellos tienen capacidad de generar riqueza y empleo, reducir la pobreza, aumentar el PBI". Lucio Castro, director del Área de Desarrollo Económico de Cippec, coincide y agrega que el gran desafío en Argentina será ver cómo pasar de un mundo de emprendedores de supervivencia -aquellos que quedaron marginados del mercado laboral convencional y no tuvieron otra salida- a un mundo de emprendedores innovadores.

Hace un tiempo una nota de la revista Wired sobre Silicon Valley -la cuna del gen emprendedor- se hacía una pregunta que refuerza a Mayer y Castro: si los emprendedores nacen -¿nacen?-, no se hacen, ¿por qué hay tantos programas para crearlos?

Para Patricia Vargas -antropóloga social, investigadora del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES)-, ser emprendedor es el nuevo mandato. "Esta categoría aparece en el marco del neoliberalismo en los países centrales y de la mano del capitalismo flexible, propone un modelo económico específico que tiene que ver con uno más viejo, con la figura del emprendedor estadounidense como un héroe solitario que logra vencer las dificultades y progresar económicamente". En la década del 90, la flexibilización laboral, que dejó sin trabajo a muchas personas, le dio más fuerza a este mandato: "El Estado y los entes privados animaron a las personas a desarrollar negocios por sí mismos".

Para Vargas, el gen aparece en nuestro país un poco antes de la crisis de 2001 y muy fuertemente después, en eventos de emprendedores, literatura específica y programas estatales. Emiliano Chamorro, director del Instituto Baikal y profesor de la Cátedra de Emprendedorismo de la Facultad de Ingeniería de la UBA, ubica el comienzo en la misma época, "con el inicio de la Fundación Endeavor y con el Centro de Entrepreneurship del IAE".

MENOS ROSA

Ser emprendedor no es para cualquiera. A los relatos inspiradores de los congresos hay que quitarles un poco el rosa: "Es cierto que hay algunos que se arriesgaron -dejaron su puesto en una multinacional-, pero también hay que decir que tuvieron una red de contención -una familia con estudio de abogados, por ejemplo-, que otros no", dice Pablo Fernández, licenciado en Comunicación, docente de la UBA y creador del sitio www.jomofis.com, dedicado a la comunidad freelancer y de pequeños emprendedores.

La narrativa de aquellos speakers, según Vargas, capta un cambio cultural que se está produciendo: la idea de espiritualización de la vida económica y mercantilización de la vida espiritual. "Por las bases ideológicas que propone el emprendedurismo -la interioridad: conocerse uno mismo para poder encontrar su deseo y desde ese lugar realizar el negocio- y por una idea muy vigente que es que haciéndolo en forma individual se puede transformar la sociedad. La categoría emprendedurismo articula no solamente una dimensión económica, sino también de trascendencia, de realización personal, una idea holística de la persona."

Para el año 2025 los millennials, nacidos entre 1980 y 2000, serán el 75% de la fuerza laboral de Estados Unidos. El presidente Barack Obama les habla dulcemente y les propone mejorar todo lo que pueda sus condiciones, porque ellos son la generación que moverá una de las economías más grandes del planeta. Y son muy diferentes a la anterior, la X, "que trabajaba y estudiaba porque era lo que había que hacer. Para ellos la cultura de estar en una empresa toda la vida y jubilarse no va. Quieren más flexibilidad, ser más dueños de sus vidas", dice Mayer.

Los millennials son emprendedores, allá y acá. Puede ser por moda, por una lectura cruda de la realidad -han visto crisis financieras que dejaron sin trabajo a sus padres que llevaban toda una vida en una empresa- o cierta conciencia de finitud: las Torres Gemelas se desplomaron frente a sus ojos de TV y varios desastres naturales hicieron de todo nada, en pocos minutos.

Hay, tanto en el emprendedor de PC en el living de casa como en el de gran impacto, una búsqueda de libertad. Chamorro dice que, en el fondo, es falsa. "Siempre estamos presos de algo. Pero la percepción es distinta si estás trabajando con una tarjetita colgada del cinturón que dice cuándo entraste y cuando saliste, usas pantalón caqui y camisa rosa que si vas en bermudas a tener reuniones a un bar". La quimera está, según Fernández, del otro lado también. "Dentro de una empresa lo que se vende es que a quien trabaja bien le va a ir bien. Muchos buscan ese trabajo ideal, donde pasarla bien, que su jefe lo trate bien, cobrar bien. Y no siempre pasa. Si lo hace afuera, lo que tiene es más control sobre lo que pasa. Es linda la frase «soy mi propio jefe», pero en realidad no lo sos; lo que hacés es multiplicar los jefes. Lo bueno es que diversificás el riesgo".

La Universidad de Oxford estimó que, dentro de 20 años, la mitad de los trabajos actuales lo realizarán máquinas. "No será de un día para otro, pero implicará que mucha gente deba reconvertirse o se quedará sin trabajo. El informe es para el Primer Mundo; estimo que aquí pegará más fuerte aún el avance de la tecnología. Debemos prepararnos para ese futuro", explica Mayer.

Hoy la generación X, educada en la relación de dependencia y sus códigos, mira desde el escritorio la metamorfosis. Aparece un fenómeno: Castro cuenta sobre un estudio que hicieron en la ciudad de Buenos Aires, donde el 75% de las empresas no encuentran personal calificado. "No es que no haya ingenieros o arquitectos, lo que sucede es que carecen de aptitudes generales, que sepan trabajar, que entiendan que hay que cumplir con un horario, con una rutina, que hay deadlines". Mayer suma: dice que cada vez tiene menos importancia el conocimiento y más el aprender a aprender, las habilidades blandas: "Cualquier gerente de Recursos Humanos de una gran empresa está con esto en la cabeza y el sistema educativo en su gran mayoría no está preparando gente para este nuevo mundo".

El último informe publicado de Gallup sobre la fuerza laboral en el mundo dice que el 87% de los trabajadores no está conforme ni contento con su trabajo. Según Vargas, el ser emprendedor se va a extender cada vez más porque es parte de un proceso cultural global. El emprendedor, con o sin gen, llegó para quedarse.


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